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jueves, 18 de febrero de 2010

Berlin: día 1

Esta es una entrada programada. Yo sigo en Egipto
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Llegué a Berlín en tren, a la estación central de Berlín y allí mismo cambiamos al metro no sin antes cargarnos de mapas e información varia (hay una oficina en la propia estación, además, esta web es útil.) Desayunando (zumo de manzana y zanahoria y una tarta riquísima de albaricoque…creo que de los mejores que he probado en mi vida, ambos) decidimos la ruta del día.

En Berlín es casi imprescindible moverse en metro porque es una ciudad enorme. Quizá planificando bien los horarios no haga falta gastar mucho dinero, pero nosotros compramos una tarjeta para dos días con viajes ilimitados, porque nuestro hotel no estaba en la zona más turística. Costó 15.9 euros, y daba la opción de descuentos en 50 atracciones. Por un euro más, está la Berlin Wellcome Card, que además trae un mapa y más descuentos.
Como un chico iría al concierto de U2 nuestra primera parada fue Olimpia-Stadion…curiosamente, de la línea U2 de metro. El estadio Olímpico de Berlin se construyó para las olimpiadas
de 1936. Por fuera es un mamotreto de hormigón, y parece que sigues anclado en esa época.

Desde allí tocó hotel, kebab para comer (en Alemania hay gran proporción de inmigrantes turcos, de hecho, es donde nació el kebab y la verdad es que tuvimos suerte, entramos a un local lleno de turcos y comí los mejores doner y pide de mi vida) .

Seguimos hacia el centro pasando por la catedral de Berlin y llegando a la Gendarmenmarkt (Mercado de los Gendarmes). En esta plaza, según dicen de las más bonitas de Berlín encontramos el edificio Konzerthaus (un teatro) que tiene a ambos lados dos cúpulas gemelas: la catedral francesa y la alemana. Entramos a una de ellas puesto que se puede visitar totalmente gratis, y había una exposición sobre la historia del parlamento aleman. Además, las vistas desde la cúpula, entre otras cosas, de su gemela, son geniales y dan mucho juego para amantes de la fotografía.

Continuamos hacia el Ministerio de Finanzas y nos acercamos al monumento al Holocausto Judío. 2700 bloques de hormigón de distinta altura y grosor que trasmiten una sensación de desolación y tristeza mientras caminas entre ellos, sin saber muy bien hacia donde seguir, en silencio ya que las columnas atenúan el ruido.

Yo no pude entrar, pero bajo este monumento hay una serie de salas con datos de judíos que murieron en el Holocausto, contando sus situaciones personales.
Debo admitir que también da lugar a fotos muy curiosas como la que cuelgo (por una vez, sin censurar).


Seguimos, cruzando Postdamer Platz hacia la Plaza del 17 de Junio para ver la Puerta de Brandemburgo (o Brandemburger Tor que dirían ellos, foto de la izquierda) con su monumento a Minerva arriba del todo. Muchísimo más grande de lo que imaginaba. Volví convencida de que en Alemania todo se hace a lo grande.
Al lado está el Reichstag (Parlamento alemán) cuya cúpula (obra de Norman Foster) se puede visitar por dentro gratuitamente. Muy recomendable, aunque se formen unas colas increíbles. (foto de la derecha)



Continuamos por la avenida 17 de junio que cruza longitudinalmente Tiergarten (o lo que es lo mismo, el parque principal de Berlín, que tiene 210 hectáreas y además de un lago y numerosos monumentos, mesas para picnic y caminos habilitados para ir en bici, tiene una zona nudista) Al final de la avenida, con la lengua fuera porque íbamos internándonos en el parque y volviendo a salir, llegamos a la Columna de la Victoria, un mirador de 50 metros de altura coronado por una estatua dorada de Niké, diosa griega de la victoria, al que se puede subir por 1.50 euros.

Estas son las vistas desde allí (click para ampliar)



Desde allí, fuimos en metro a Breitscheidplatz. Allí se conserva una Iglesia a la que llaman del recuerdo, ya que fue bombardeada en la Segunda Guerra mundial y se decidió no restaurarla. Tiene adosado un edificio nuevo que se construyó como parroquia. Su interior se puede visitar de 9 de la mañana a 7 de la tarde gratuitamente.

En esa plaza había una especie de festival callejero, con grupos tocando, puestos de comida y el ambiente era muy especial para pasar un ratillo por allí. Así que después de tomar unas frittes con pescado (su fish and chips vaya) fuimos al hotel, que el día había sido duro (y más teniendo en cuenta que salimos de Praga a las 3 para llegar a Berlín a las 9 de la mañana)
En el puesto de frittes me pasó algo muy curioso (igual no tanto, pero a mí me hizo gracia)...Un amigo fue a pedir
-Hola, quería pescado con patatas fritas, con dos tres trozos de pescado.
-Muy bien, aquí tienes. 3 euros, gracias.

-Gracias
Llego yo:
-Hola, quería lo mismo que él.
-Sí, ahora mismo. Te he puesto más pescado.
-¿Perdón? (pensé que no le había entendido, o que quería que le pagase más o algo, porque se pagaba según la proporción patatas/pescado)
-Que te he puesto algún trozo más de pescado
-Ah! pues..gracias
Resulta que el chico me puso prácticamente 4 patatas y el resto una especie de nuggets de merluza...creo que me vio la cara de persona desesperada por comer pescado (llevaba más de medio mes en Praga, y mi alimentación marina consistía en latas de atún y caballa, salmón ahumado y palitos de pescado, que era lo asequible para mi bolsillo en esa tierra carnívora)

Sin más, aquí os dejo el mapa de la ruta de aquel día:

Ver Berlín, día1 en un mapa más grande

Pronto, la segunda parte del viaje

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